Entrevistas

Marilha Naccari, directora de Programación del FAM

Foto Daniel Guilhamet
Foto Daniel Guilhamet

Marilha Naccari, 36 años, literalmente creció con el FAM, tenía 11 años en la primera edición. Desde 2009 es responsable de la programación del FAM, gerencia el equipo y controla la calidad técnica. Graduada en Letras, con maestría en Literatura y posgraduación en Gestión de Personas, ha hecho curaduría, selección y ha sido jurado en más de 30 eventos, en el país y el exterior, destacándose como nominadora para el premio Goya por Brasil. Es presidenta de la Cinemateca/ABD-SC y directora del Congreso Brasileño de Cine y del Foro de los Festivales Nacionales, además de consejera del Fondo Municipal de Cine de Florianópolis y profesora de la carrera de Cine de la Unisul. Con todo ese currículo ni parece que es la benjamina de la familia Santos, que realiza el festival.

El 25º Florianópolis Audiovisual Mercosur está patrocinado por Sebrae y es realizado por la Asociación Cultural Panvision y Muringa Producciones Audiovisuales.

FAM - ¿Cómo crecer en el FAM interfirió en tu formación cultural y como ciudadana?

Marilha Naccari - Tengo más tiempo de vida con el festival que sin. El festival ha hecho mucha diferencia en cómo pienso la sociedad, a través de películas que no eran tan usuales, pasaba mucho tiempo en los seminarios porque mi familia estaba involucrada, yo tenía que estar ahí. Asistía a los secretarios de audiovisual de los países, recibía informaciones que solo iría a entender más adelante, en mi vida. Veía gente con ideas y objetivos en común, que era recurrente año tras año debido a las dificultades de estabilidad de la estructura política. No obstante las personas seguían discutiendo, entendiendo la importancia. Era un sueño colectivo que se mantenía en ejercicio de implementación. Eso moldea una perspectiva de que es necesario estar ahí para la sociedad que uno quiere. Esas personas ya tenían un trayecto hecho, Gustavo Dahl, Carlão Reichenbach, Eva Piwowarski, de Argentina, Edina Fuji, Roberto Farias. Pasas a entender también la importancia de la memoria, ves la diferencia entre generaciones, como ellas se portan delante de la necesidad de producir cultura. La generación de los años 2010 creía que tenía el derecho a producir cultura y listo, pero una generación que había luchado en 1970 aún continuaba construyendo las políticas en 1990-2000.

Hoy las personas tienen una pérdida muy grande de las estructuras en Brasil de todo lo que fue construido de política pública, por las decisiones del actual gobierno y del presidente interino luego de la remoción de Dilma. Hubo un retorno a la extinción de la Embrafilme, a un momento de sequía tal vez mucho más potente porque no existe ningún tipo de mecanismo, hay una fuerte comunicación de combate a la producción. Y cuando la gente creyó que ya estaba establecida esa estructura, como la propia democracia del país, se desplomó sin entender esa fragilidad; porque también negamos parte de nuestra historia. Y quien hoy destruye la estructura de la Ancine, FSA y todas las reglamentaciones, sabe que destruir la memoria es muy importante, tanto que deja a la Cinemateca cerrada y se prende fuego. Es notoria la necesidad de una mediación entre generaciones así como mantener viva la historia de las luchas. Me parece que más que la parte fantástica y la magia del cine, fue mucho más fuerte para mí la parte política.

¿Creías que ibas a seguir carrera en el FAM o tenías otros planes?

Hubo una época en la que decía que había descubierto que lo yo hacía era una profesión, ser productora. Pero ciertamente no fue tan secillo. No importa cuan fantástico sea, es una vida muy difícil e ingrata. Uno sigue un sueño, es consciente de la relevancia social, pero hay muchos sinsabores de reconocimiento y de dificultades financieras también. Es un esfuerzo muy grande mantener la idea del festival, tener el reconocimiento local, por más que el reconocimiento internacional parezca más orgánico. Esto hace con que no querramos seguir esta profesión que siempre nos deja con tantas horas sin dormir, que nos deja tan nerviosos, entonces fui a hacer sistemas de información, después fui a trabajar en cocina, a hacer gastronomía. Había comenzado a trabajar en el festival con 16 años, pero solo lo adopté como mi trabajo a los 24 años. Hoy digo que es una vocación.

¿En qué actividades te has involucrado en el FAM hasta llegar a la dirección de Programación?

Empecé con webdesign, haciendo el sitio del festival, con 16 años, y al año siguiente tuvimos el primer sistema informatizado de inscripción de películas en línea de Brasil. Antes recibía la inscripción por correo, y después venían las latas de 35 mm y las cintas. Con el sitio también me involucré en comunicación, ya que en la época era necesario escribir el programa de computación, el periodista no sabía hacerlo, era otra habilidad, necesitaba saber programación en HTML, entonces yo publicaba las noticias, buscaba fotos, hacía los subtítulos, iba entendiendo toda la dinámica del festival. También acompañé el making of, trabajé en la secretaría, con atención al público, fui teniendo una visión macro. Hubo una pausa y entonces Tiago, mi hermano, y yo volvimos en un período muy difícil del festival en el que no había ningún presupuesto.

Se había ido un grupo de la producción, buscando otras oportunidades profesionales. Mi primer FAM en operación de muestras fue de trabajo total, salía a veces a las 5h de la mañana de la oficina y volvía a las 20h. Muy desgastante, pero es aquella cuestión de encontar un propósito de vida, y quien trabaja con cultura normalmente entiende esa parte. Entonces nos asumimos, Tiago en la parte ejecutiva, de producción y yo en la Programación.

¿ Cómo es trabajar en un núcleo familiar?

Me gusta decir que es una relación de más cercanía, porque el primer grupo se formó por afinidades construidas en el festival e hicieron el proyecto juntos. Es necesario que se entienda que este no es el festival de una familia, es una familia que está en el núcleo del trabajo cotidiano, todo el año, la gran mayoría de las personas del audiovisual de la Gran Florianópolis ya ha pasado por el festival. Con el tiempo, el núcleo de ejecución quedó con Celso y nosotros nos involucramos, es un trabajo que nunca para. No hay presupuesto para esto dentro del proyecto, por eso me convertí en profesora universitaria para tener un ingreso estable y poder dedicarme. A todo festival extranjero que fui, lo pagué de mi bolsillo, por eso es que termina siendo aquel núcleo familiar que se propuso invertir.

Familia nunca es algo completamente sencillo, yo soy la menor, mujer, pero también la más firme algunas veces, soy más directa en la discusión, eso ayuda a madurar y en familia existe la posibilidad de radicalizar los cambios, como el cupo de directoras mujeres, hasta que las mujeres predominaron en la programación. Dije muchas veces en reuniones, "eres machista, solo no lo sabes", como es la mayoría de la sociedad, no podría hacer esto en otra organización, estaría fuera, sin embargo en esta relación los vi cambiar de actitud

¿Qué ideas implementadas en el festival fueron iniciativas tuyas?

La Muestra Catarinense, que cumple 10 años en 2021, el Extra-FAM, como se llamaba el DOC-FAM, muestra con documentales de mediometraje, y la muestra Videoclip nacieron conmigo en la coordinación. Pasé también a recibir enlaces de las películas, no más DVD o cintas y latas de 35mm. Así recopilamos información y tenemos un banco de datos.

Luché muchos años para que pasemos al cine comercial, tener una estructura de sala de cine con ingeniería, por más que contratábamos un gran servicio especializado que traía todos el equipamiento y dedicación para la sala adaptada en un auditorio. Pero la sala creada para ser cine también es de cine latinoamericano, tenemos derecho a un espacio arquitectónicamente diseñado para la sesión. Luché por el fin de la proyección en 35 mm que ya estaba cayendo en desuso por costo y logística. La cuestión de accesibilidad vino de Andressa Ternes y yo adopté una postura paulatina, los realizadores tenían que entender qué era eso, tenía que haber charlas, sensibilización, solicitar material. Fue una gran revolución proyectar "Campo Grande", de Sandra Kogut, con accesibilidad abierta, y era el estreno del largo. Había una única sala y no había tecnología para hacer la integración. Hasta que en 2019 tuvimos más de 50 equipamientos de audiodescripción y ventana de lengua de señas.

¿Qué destacas como lo más importante en todos estos años?

Me parece extremamente importante la dimensión de la demanda extranjera que el Encuentro de Coproducción del Mercosur está teniendo. Es muy importante también cuando recibimos mensajes de cariño y de cómo el FAM tuvo impacto en sus vidas. El año pasado fue un momento muy difícil para todo el equipo, cuando decidimos realizar el festival con todos los obstáculos para liberar el financiamiento. La campaña de financiamiento colectivo fue un balde de agua fría al final, teníamos un monto pero era todo o nada,los recursos eran insuficientes, y no había otra perspectiva por más que hubiéramos ganado el concurso, que las partidas ya deberían haber salido hacía más de ocho meses. Cuando finalmente salió la liberación del dinero y decidimos realizarlo, insistí en llamar a cada uno de los seleccionados. Toda llamada era emocionante. Digo que el año pasado volví a vivir el festival.

Fue muy significativo en 2019 haber ido a una sala comercial y ver calidad de proyección en cinco salas simultáneas, estaba en el corredor liberando películas en las diferentes salas mirando toda aquella maquinaria, viendo una fuerza muy grande. Fueron importantes algunas protestas que hubo en la UFSC y las apoyamos. También ver a aquellas personas bronceadas entrando en el cine a ver la película “Pegadas Salgadas”, o una sesión a las cuatro de la tarde con 500 personas para ver el documental con historia del bar de Chico en Campeche, “Desculpe pelo transtorno”, y los mil niños entrando al mismo tiempo al cine, es una cosa que vibra en el cuerpo, todas esas escuelas.

Como el tema de este año es reflexión, ¿qué piensas sobre el presente y futuro del festival?

Necesitamos encontrar una forma en que la sociedad como un todo entienda la importancia de la continuidad del festival para hacer un trabajo todavía mejor. Me gustaría hacer más muestras temáticas en la programación, como negritud, la cuestión de la mujer, de la infancia a ser discutidas con adultos, como hemos hecho otros años. Recuperar también otra miradas. Hay mucha riqueza para sacar de esta historia de 25 años, información para editar en libros, charlas para programas de televisión, pero necesitamos del respaldo político y de base. El futuro es una continuidad, no hay nada más importante en este momento de desconstrucción de la memoria cultural brasileña y latinoamericana que decir que creemos en nuestra permanencia y fortalecimiento de nuestra identidad a través de este trabajo.

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